La mayor parte de los ciudadanos no se da cuenta en absoluto de que una gran cantidad de productos en las baldas de los supermercados son alimentos que contienen ingredientes genéticamente modificados,  como el maíz o la soja que se emplean para galletas, batidos, yogures, alimentos preparados, congelados, productos de la alimentación infantil, etc.

Mucha gente aun cree que los genéticamente modificados son algo que nos queda lejos en el tiempo y en el espacio porque asume que su entrada no es permitida en los mercados o existe un riguroso control sobre ellos o bien cree, con un poco de ayudita por parte de los ‘mass media’ desinformadores de masas, que no son tan nocivos para la salud, puesto que les han explicado que ‘los expertos hacen con los alimentos unos cambios mucho más beneficiosos que los que la propia naturaleza realiza consigo misma’.

En última instancia, cuando la evidencia de su existencia y amplia extensión es ya notoria algunos recurren al conveniente para el bienestar mental “si fueran malos no permitirían su venta” ; una sentencia de fe en el sistema sin fisuras que resulta cómoda para su sistema de valores… Y  todavía existe un reducto   de campeones de la negación que cree a lumbreras  como Elena Espinosa (PSOE), cuando dice que los GMO pueden salvar de hambre al planeta.

La realidad es que hay más campos con productos genéticamente modificados que campos cultivos con productos no genéticamente modificados en algunos países como Estados Unidos y  esa tendencia tiende a globalizarse.

La realidad es que España es el líder en producción de genéticamente modificados en Europa así como en campos de experimentación, muchos de ellos ocultados a las propias administraciones locales.

La realidad no es que las semillas genéticamente modificadas requieran menos pesticididas y  compense ligeramente el cambio, sino que al contrario, requieren más pesticidas por lo que entrañan mayor toxicidad para la salud de los consumidores.

La realidad es que hay un engendro de Monsanto llamada “semilla terminator” que sólo germina una vez, de manera que la empresa que los fabrica y distribuye se asegura un re-compra y el monopolio sobre un sector de los alimentos.

La realidad es que se ha demostrado científicamente que los hamsters quedan infértiles  después de 3 generaciones de consumo de un alimento genéticamente modificado como la soja.

La realidad es que además de albergar casi la mitad de los ensayos al aire libre en la UE, España es el único país que cultiva transgénicos de forma comercial, con más de 80.000 hectáreas de maíz transgénico cultivadas en 2008, mientras que  países como Francia, Alemania, Austria, Grecia o Polonia mantienen la prohibición de su cultivo.

Aunque pueda parece una pesada broma Monsanto todavía llama a lo que hace “agricultura sostenible”

SPAIN IS DIFFERENT …TAMBIEN PARA MONSANTO

En España existen ya más de 100 campos transgénicos reconocidos. Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura, entre 2009 y 2011, hasta 100 pueblos y localidades españolas se han convertido temporalmente (durante 6 a 12 meses) en la laboratorios a campo abierto de la agricuinstrustria de transgénicos.

MENTIRAS EN CUANTO A LA SEGURIDAD EN LOS CAMPOS DE PRUEBAS

Cuando finaliza una cosecha, se supone que se eliminan los residuos, enterrándolos en el suelo o por medio de trituración. Sin embargo estos métodos en modo alguno eliminan el riesgo de contaminación genética.

Se sabe  que 200 metros de distancia de un cultivo transgénico con otros cultivos no es una barrera real de seguridad. Estos protocolos de ensayos y de residuos son los que las propias empresas proponen y son protocolos absolutamente ridículos que no se encuentran con ninguna barrera de protección real y contastada por parte de la administración central ni organismos de seguridad pública de ningún tipo. Es decir, quienes deberían velar por nuestra seguridad dejan que sean las corporaciones las que digan lo que es seguro y no para nosotros y aceptan su palabra como una cuestión de fe, sin realizar pruebas independientes, ni basados en el principio de la precaución.

La Comisión Nacional de Bioseguridad, dependiente del Ministerio de Medioambiente, es la encargada de elaborar los informes que dan el visto bueno a los experimentos con transgénicos. Está compuesta por 46 miembros, de los cuales tan sólo siete son representantes científicos y el resto representantes políticos ¿De dónde salen estos “expertos”?, ¿Quién los elige? ¿Cómo toman sus decisiones?. Este articulo aclara algunos pormenores. Según afirma un representante de una comunidad autónoma en la CNB a Amigos de la Tierra:

En la CNB no hay debate. Simplemente se  comprueba que están todos los papeles en regla, y ya está. Aunque estés  contra la liberación de cultivos transgénicos, no hay momento para el  debate, además de que domina el buen ambiente entre todos sus miembros,  que nadie quiere romper. Si los representantes científicos dan el visto  bueno, no hay nadie que discrepe”.

(Fuente de esta info: http://stopsecrets.ning.com/profiles/blogs/monsanto-en-espa-a)

Quiero dar gracias a ABAHÚ HAMNARA por su excelente articulo sobre Monsanto. Solo he publicado parte de este.

 

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